
Capítulo 1
Cuando solté los hilos
Por Joanny Nin · 30 de septiembre de 2026
Audio oficial · Escúchalo aquí
Wow. Primer día de LaTRU.
Y quiero comenzar diciéndoles algo: estoy súper contenta.
Quizás parezca extraño decirlo precisamente ahora, en un momento de tantos cambios y tantas preguntas. Estoy empacando. Preparándome para irme temporalmente a otro lugar, mientras espero descubrir qué será de mi hijo, qué será de mi familia y, también, qué será de mí.
Pero estoy contenta.
Porque por primera vez en mucho tiempo entendí que no necesito tener todas las respuestas para poder seguir caminando.
Hay momentos en la vida en los que uno piensa que tiene los hilos en las manos. Tratamos de organizarlo todo: la familia, el trabajo, los hijos, el futuro, los problemas, los sueños.
Queremos decidir cuándo, cómo y hacia dónde. Hasta que llega un momento en que la vida te lleva a un lugar donde tienes que reconocer: yo no controlo todo esto.
Para mí, ese momento llegó en un hospital.
Allí decidí soltar los hilos de mi vida. Se los entregué a Dios.
Y hoy puedo decir algo que quizás antes no podía decir con esta misma tranquilidad: mi vida pertenece al Señor. Y estoy muy bien con eso.
Por eso LaTRU comienza aquí. No desde un estudio perfecto. No desde una vida perfecta. No desde alguien que pretende tener todas las respuestas.
Comienza desde una mujer que está empacando sus cosas mientras comienza otra etapa de su vida.
Una mujer que ama a su hijo. Que ama a su familia. Que trabaja. Que sirve. Que ha vivido. Que se ha caído. Que ha tenido miedo. Que ha aprendido. Y que todavía tiene muchísimo por aprender.
Pero que decidió confiar.
Y antes de continuar este camino con ustedes, quiero pedirles permiso para hacer algo que será parte de quien yo soy dentro de LaTRU.
Quiero orar por ustedes.
Porque si ustedes me permiten entrar en sus hogares, en sus automóviles, en sus oficinas, en sus teléfonos y, especialmente, en sus corazones, yo también quiero entrar bendiciendo.
Bendigo tu vida. Bendigo tu nombre. Bendigo tu familia. Bendigo tu trabajo. Bendigo tu negocio.
Bendigo esas cosas que todavía no sabes cómo resolver. Bendigo esas lágrimas que quizás nadie ha visto. Bendigo los proyectos que estás comenzando y los que has tenido miedo de comenzar.
Y esta noche, en el nombre de Jesucristo, entrego también este proyecto.
LaTRU no puede separarse de mi fe porque mi fe no está separada de mí. Yo soy hija. Soy servidora. Y necesito que toda persona que entre a este espacio entienda algo desde el principio: mi vida es para el Señor. Le pertenece.
Pero eso no significa que aquí solamente vamos a hablar de religión.
Vamos a hablar de la vida. De negocios. De nuestros hijos. De nuestros errores. De empezar de nuevo. De construir. De sobrevivir. De oportunidades. De dinero. De comunidad. De familia. De esas decisiones que nadie puede tomar por nosotros.
De las cosas que nos hacen reír y de aquellas que nos han hecho llorar cuando nadie estaba mirando.
Quiero hablar con ustedes como hablaría con alguien sentado frente a mí. Sin máscaras. Sin necesidad de aparentar.
Porque quizás una de las cosas más importantes que he entendido es que empezar de nuevo no significa que todo lo anterior fue una pérdida. Significa que ahora puedes utilizarlo.
Cada experiencia. Cada caída. Cada persona. Cada puerta cerrada. Cada oportunidad. Cada oración que parecía no haber sido contestada. Todo puede formar parte de lo próximo.
Mientras empaco mis cosas hoy, entiendo que no solamente estoy cerrando cajas. Estoy cerrando una etapa.
Y cuando una etapa termina, aunque nos dé miedo, también queda espacio para que algo nuevo pueda entrar.
“Hoy empieza una nueva vida.”
No porque mañana todos nuestros problemas hayan desaparecido. No porque sepamos exactamente hacia dónde vamos. Sino porque podemos decidir cómo vamos a caminar desde este momento.
Yo decidí caminar con fe. Decidí servir. Decidí contar mi historia. Decidí escuchar otras historias. Y decidí comenzar LaTRU.
Quizás hoy solamente escuchaste mi voz durante unos minutos. Pero esto apenas comienza.
Tengo mucho que contarte. Probablemente también tengo mucho que aprender de ti.
Así que quédate conmigo. Capítulo por capítulo. Historia por historia. Vida por vida.
Escúchame y entenderás.
Te quiero.
Bienvenido a LaTRU.